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Inaugurar es, simplemente, una herramienta de Relaciones Públicas que busca la mejor forma de establecer un canal de comunicación entre el que hace algo y sus públicos objetivos, ya sean estos clientes o administrados.Explicado en palabras más normales, se organiza un acto para decirle a quien interesa qué se ha hecho y poder sacar pecho.No es este el lugar para entrar en disputas políticas sobre la causa y la idoneidad de los gritos, ni tampoco para el análisis de los operativos de seguridad y del gasto que suponen.Hablemos solamente de la utilidad comunicativa de un acto como el que este lunes sirvió para inaugurar dos puentes, un elemento arquitectónico esencial en nuestra idiosincrasia que debería haber sido una fiesta, con merecido homenaje a Francisco Aura.
No era necesaria la pompa con la que se abrió hace 27 años ya el Fernando Reig, con un ministro Javier Sainz de Cosculluela paseando de punta a punta del puente atirantado justo después de uno de los mayores espectáculos pirotécnicos que recordamos. Ni el nuevo puente merece tanto ni sería fácilmente justificable. Era necesario festejar el momento, llevar las metáforas sobre la unión que suponen los puentes a la verdad y no forzar el surrealismo político de utilizarlas con el fondo sonoro de los pitos del desacuerdo, la protesta y la impotencia desde una vergonzante lejanía forzada.
La inauguración que ha perpetrado la Presidencia de la Generalitat este lunes es un buen ejemplo de todo lo que no se debe hacer en comunicación. Además, no ha servido de nada, no ha podido cumplir ninguno de los posibles objetivos, confesables o no, para un acto de este tipo. Una inutilidad manifiesta.
Cuando un representante político inaugura algo lanza un mensaje del estilo "mirad que he podido hacer con mi buen hacer en la gestión de vuestros impuestos". Para hacer llegar el mensaje hay dos canales, principalmente.
El primero, el público, los vecinos, los votantes. Inaugurar a espaldas de los administrados, por miedo a que los gritos distraigan los discursos que nadie puede escuchar es baldío, cero en comunicación.
El segundo, los medios de información. Tampoco mediante este camino el presidente de la Generalitat ha conseguido transmitir nada coherente valores a la población. Quien se haya encargado de la comunicación de este acto ha olvidado varios puntos básicos.
El fundamental, común en la clase política, no medir bien la configuración actual de los medios de comunicación. Quizás hayan pensado que la búsqueda del silencio en mitad de un puente, lejos de los gritos, podría disimular el absurdo en la foto oficial. Pero no. Los medios audiovisuales a través de internet hemos repartido por toda la red los vídeos de uno y otro lado, con planos inimaginables en la extinta RTVV clausurada por el mismo Alberto Fabra sin valorar correctamente qué supone para un responsable político quedarse sin ventana en la que mostrarse o elegir la equivocada. Pasa con muchos y más veces de lo que parece.
Un fiasco. Es como haber cocinado una paella sin arroz. Organizar un acto de Relaciones Públicas obliga a cumplir unos requisitos para que éste tenga sentido. Lo contrario es hacer el ridículo, mostrar al mundo que el responsable del desaguisado no tiene ni idea o que su jefe no sabe con qué juega.
Comunicar es tan importante como administrar. Es lo mismo que hace cada día un comerciante que busca cada día tener el mejor género y servirlo con toda su profesionalidad. Quien no sepa, debe irse, es parte de su trabajo y, además malgasta el coste económico del acto, que no es poco. |
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